II
En este punto, tal vez a algún lector de estas líneas se le habrá ocurrido una genial idea: retomemos los controles de la sociedad tradicional y así tendremos lo mejor de ambos mundos. Aparentemente, esa solución ya ha sido aplicada con resultados poco gratos hace menos de un siglo. Durante la Alemania Nazi, nunca hubo suficientes oficiales de la GESTAPO como para vigilar a una población tan numerosa como la alemana. Lo que ocurrió en realidad fue que los propios civiles alemanes se espiaban los unos a los otros y se tiraban dedo; es decir, se delataban los unos a los otros y se levantaban acusaciones ante la GESTAPO que así no se iba por las ramas y llegaba a donde -supongo- tenía que llegar. El pueblo alemán, como se ve, no fue tan solo la víctima ingenua de los horrores del nazismo: fue también en parte un verdugo silencioso muy colaborador. Así que esta solución –el convertirnos en una sociedad policial- no me resulta muy atractiva en esta época en que es completamente viable el “Big Brother” orwelliano. 100% de vigilancia es 0% de privacidad, nunca lo olvidemos.
Mi propia propuesta es que debemos aprender a regirnos por una ética individual que nos permita juzgar por nosotros mismos y se enfoque en el autocontrol y el disfrute de la libertad más que en la coerción. El respeto al otro como un medio para asegurar el respeto hacia nosotros mismos y el respeto al ejercicio de sus libertades para que se respete el ejercicio de las nuestras. Ciertamente, hay muchos fundamentalistas que se aprovechan de las libertades que les granjea nuestra sociedad para fomentar doctrinas que aspiran a recortar esas mismas libertades de las que gozan. Y allí sí creo que no nos debe temblar la mano para denunciar tanta hipocresía que a veces no solo esconde una agenda de cuño supremacista sino que puede calificarse de violenta o, para decirlo sin pelos en la lengua, terrorista. Es allí donde creo que debe entrar a tallar el Satanismo. Cuando las vetustas cadenas de la tradición se desmoronan, de la concepción del “todo está prohibido” debido a la coerción salvo que esta lo permita, se pasa a otra en donde “todo está permitido” –al libertinaje- porque esta ya no logra inhibirnos de nada. Es esta situación la que da pie a que los enemigos de la libertad ataquen a la sociedad liberal. Si solo hay una guía y solo funciona cuando no hay libertad, entonces hay que rechazar la libertad. ¡Falso! Los que se rigen por una moral de esclavos pueden estar dispuestos a tragarse ese sapo, pero a mí no me resulta para nada convincente, porque hay algo que solo puede florecer a plenitud en libertad y que sobrevive a las falacias de autoridad que sostienen a la sociedad tradicional: la razón.
