sábado, 19 de julio de 2008

El colapso de la sociedad tradicional y el Satanismo

IV

Dejemos atrás de una buena vez la política de la mera contención que ha funcionado tan draconianamente bien para la sociedad tradicional, la moral de los esclavos que necesita de una figura paterna que le diga qué hacer a cada instante. Ciertamente, esta opción no carece de riesgos, pero vivir es arriesgarse. Los únicos que no están expuestos al riesgo son los muertos, literalmente. Si la mayor parte de los accidente ocurren en el hogar, ¿en dónde crees que vas a hallar refugio? En este mundo interconectado no hay más donde esconderse ni meter la cabeza para no ver. Esa es la gran revelación que obtuvimos con la primera foto de la Tierra desde el espacio: que somos un solo mundo, sin fronteras, y que todo lo que ocurra en ese mundo nos incumbe y que, por lo tanto, tenemos una gran responsabilidad que asumir. No asumirla no pasa de un acto de cobardía pero también de la más enorme estupidez: otros le darán forma al mundo donde vives, sin consultarte. Y ya te imaginas quienes… En todo caso, no es una perspectiva muy atractiva para mí.

Ninguna sociedad moderna es inmune al totalitarismo, no lo olvidemos. No cantemos victoria por una guerra que nunca se terminará de librar. En lugar de dar por sentado el disfrute de la libertad que tenemos ahora –y que a pesar de cualquier reforma siempre será imperfecto como la propia naturaleza humana-, debemos preocuparnos por inculcar en nuestros jóvenes el amor por ella. El hombre busca la libertad, pero solo se atreve a luchar por ella cuando tiene meridianamente claro cómo esta nos resulta vital para ser simplemente humanos. Siempre habrá quienes se inclinen en sus corazones por la moral del esclavo. Lo que debe preocuparnos es, en todo caso, que nos la intenten imponer a nosotros. Que el que desea ser un esclavo se rija como un esclavo es lamentable aunque no deja de ser comprensible, pero que los satanistas se plieguen a la imposición de esta moral por su propia pasividad y desidia es inaceptable. En cierto modo, lo que tenemos es una falta de visibilidad enorme que se debe, entre otras cosas, a una ausencia de ideas bien articuladas que nos permitan presentarnos organizadamente ante la sociedad. ¡La comunidad gay hace un trabajo muchísimo mejor que el nuestro –si lo hay- en cuando a imagen pública se refiere!


(Continuará...)


Advocatus Satanae

sábado, 5 de julio de 2008

El colapso de la sociedad tradicional y el Satanismo

III

En las sociedades tradicionales no existen individuos: solo hay un *cuerpo social* que tiene *partes*. Es decir, no existe la noción de que una persona –en tanto individuo- es ya un todo en sí mismo y que es valioso por sí mismo al margen de que forme parte de un todo mayor, de tal o cual sociedad. El hombre solo vale en función de la sociedad; es decir, se invierte lo que dice nuestra Constitución en su artículo primero: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el *fin* supremo de la sociedad y del Estado” (negritas mías). Sino recuérdese la más que célebre alegoría que Pablo emplea en sus Epístolas:

“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.” (1 Corintios 12,12)

“…porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” (Efesios 5,23)

Una idea que sería desempolvada posteriormente por los totalitarismos del siglo 20 que, en cierto modo, no fueron más que movimientos reaccionarios de origen romántico que pretendían devolvernos a todos al *paraíso perdido* de la sociedad tradicional, pero con las comodidades más modernas disponibles. Aun vivimos este proceso de abandono de la sociedad tradicional en nuestros días –el paso de una humanidad eminentemente rural a una predominantemente urbana es prueba de ello-, pero en tanto que no consigamos articular un discurso coherente hacia ella el malestar que este tránsito genera no cesará y nos pondrá siempre al borde de caer en las garras de los caudillos, esos jefes tribales de las naciones de hoy. Chávez, ¿me oíste?

(Continuará...)


Advocatus Satanae